La falta de sueño aumenta tu cintura

No dormir bien aumenta el riesgo de obesidad a través de una serie de efectos en el metabolismo de energía. Una investigación presentada en el Congreso Europeo de Endocrinología en Lisboa, Portugal, va a poner más atención en cómo los patrones de sueño interrumpido (tan comunes en la vida actual) pueden predisponer a una ganancia de peso, afectar el apetito y hasta la respuesta de los alimentos y el ejercicio en las personas.

¿Cómo es que esto sucede? Empecemos por el principio: en la cultura de todo al momento, las 24 horas del día, en el mundo actual, un número mayor de gente reporta que su rutina diaria reduce su calidad de sueño. Por si fuera poco, muchos estudios han encontrado relación con este fenómeno y ganar peso corporal y talla. ¡Dormimos menos, pesamos más!

La causa oculta para este aumento en el riesgo de desarrollar obesidad no queda muy clara, pero se relaciona mayormente con cambios en nuestra manera de comer, metabolismo, motivación, actividad física, o una combinación de los factores. ¿Pero, hay algo además de nuestras actividades que esté reduciendo la calidad del sueño? La respuesta puede ser sencilla: también nos exponemos mucho a la luz artificial, y nuestras hormonas se ven afectadas.

Si bien es cierto que nuestros hábitos de alimentación cambian entre menos dormimos, también sucede que el organismo deja de producir melatonina, la llamada hormona del sueño. Ésta ayuda a regular el ritmo circadiano, que es nuestro “reloj” interno, y juega un papel importante entre cuándo dormir y cuándo despertar. Además, hay estudios que sugieren que tomar melatonina permite no sólo recuperar el sueño, sino que ayuda a estar más alerta, tener más energía y con ello favorecer la pérdida de peso, evitando enfermedades tales como la obesidad.

El Dr. Christian Benedict señala que sus estudios “sugieren que mejorar la calidad de sueño puede ser una intervención para reducir el riesgo de futuras subidas de peso”. Por tanto, apuntar hacia un reemplazo en la “hormona del sueño” favorecería de manera colateral un estilo de vida donde el metabolismo esté impactado positivamente, a partir de un apropiado ajuste de las horas en que pasamos dormidos.

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